Confieso que he pecado

PAblo ®
4 min readMay 24, 2021

Hace unos días estuve buscando un archivo que necesitaba para un asunto laboral y entre esa búsqueda me encontré con algo que escribí cerrando el 2010 para el blog de una amiga.

Lo releí y me gustó, rara vez me gusta un texto “viejo” de mi autoría, creo que muchos sienten una especie de vergüenza por las frases escritas en una época en la que seguramente no pensaban igual.

Aprovechando que lo escrito es de mi propiedad, transcribo tal cual lo que dije en esos días.

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Si vamos a hablar de pecados, confesémonos.

Cuando una de mis mejores amigas me pidió escribir para su blog pensé: “¡Qué bien! Hace mucho no lo hago y ya es hora”, luego me di cuenta que no lo había vuelto a hacer por pereza (casi un año) y dije: “ah, ese es el tema… pero qué pereza escribir”.

Resulta que la temática que me sugirió abordar fue la de los siete pecados capitales. Y si ya estaba pensando en la pereza, pues ese era el pecado ideal (siempre habrá un pecado ideal). Pero no, resulta que la pereza no me convenció del todo y empecé a hacer un repaso por cada uno de los seis restantes: lujuria, gula, avaricia, ira, envidia y soberbia. Difícil elección.

*Aquí la mente se quedó en blanco por varios días: cansancio, ocupaciones y pereza fueron los agentes distractores para entregar un poco tarde estas letras*

Generalmente escribo de noche, creo que muchos estarán de acuerdo conmigo en que es la mejor hora para hacerlo. “La noche siempre es la mejor hora para hacerlo” tal vez así podría iniciar un post sobre la lujuria. Pero ¿Qué se yo de la lujuria? No puedo decir que soy alguien sexualmente inmanejable, pero me considero un ser sexual, carnal, alguien que ama esa delicada piel femenina. El sexo es una de esas necesidades básicas en la vida. Y lo digo convencido y ahora que lo pienso, con ganas de. ¿Entonces soy lujurioso? Según la iglesia católica y mis incontrolables ganas, yo diría que sí.

Es tarde en la madrugada y mientras voy escribiendo empiezo a sentir un poco de hambre, además empiezo a creer que estoy perdiendo el tiempo, o peor aún, que no lo estoy haciendo bien. Pero no hablaré de la gula pues ese es un pecado tan placentero como el anterior, pues qué mejor que comer hasta el cansancio y en todo el sentido de la palabra.

Pero si hablaré de la envidia. Envidia es eso que siento cuando veo otros post y me doy cuenta que tienen creatividad y un estilo definido, que cuentan historias con algún sentido o que por lo menos se dignan a crear un personaje que tal vez por mi óxido mental me niego a crear. Envidio esos comentarios que celebran y elogian con gusto gracias a las sensaciones que generan dichos escritos. Envidio a los que logran sentarse y concentrarse para escribir algo coherente en una sola noche. Envidio a los que están comiendo en este momento (sí, en todo el sentido de la palabra). Envidio a los que diariamente tienen algo qué decir o qué contar. Y podría contar muchas otras cosas que envidio, pero todo podría resumirse en que envidio a aquellos que aparentan tener una vida feliz. No porque la tengan, sino por esa capacidad para lograr ocultar sus penas.

Y es justo en este momento donde empiezo a pensar en esos que son tan felices, en esos que le hacen creer a uno que la vida puede ser un idilio sin sobresalto alguno. Falso. Experiencias recientes me lo han confirmado y me doy cuenta que tengo la razón cuando dudo de sus aparentes relaciones perfectas. ¡Ja, tengo la razón! Me siento orgulloso de mi mismo al tener la razón. Disfruto cuando digo “te lo dije”, “yo sabía” o “estaba seguro que iba a ser así”. En ese aspecto soy soberbio, lo admito. Siento un placer incalculable cuando los hechos me dan la razón. Y esto lo digo porque no puede ser posible que esos dos le muestren al mundo una relación perfecta, pero que individualmente cada uno exprese sus miedos, malestares e inconformidades, su ira.

A la ira prefiero llamarla rabia. Y ah rabias que me he ganado yo… esa fama de malgeniado entre las personas que me quieren al parecer no es gratis. Muchas veces justificable, otras no tanto, pero considero que la rabia hay que expresarla; es importante dejar salir esa sensación de enojo y no guardarse nada que más adelante pueda convertirse en la explosión de un acumulado de pequeños disgustos que por lo general no terminan con un final feliz.

Finalmente de la avaricia no diré mucho, quiero economizar letras. Es tarde y soy de los que piensa que “el que guarda plata, guarda pesares”, aunque en esta época es importante ahorrar. Por eso ahorraré energías, no gastaré más neuronas y descansaré. Ya es justo.

Podría hablar mucho más de mis pecados, pero estos son solo los capitales y siempre he dicho que un post debe ser corto. Estoy fallando. Soy pecador.

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En este link está el texto original.

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